jueves, abril 12, 2012

El misterio de las 48 horas

Cómo hacemos para acercarnos a la figura del juez Daniel Rafecas sin ser injustos y guardando moderación y equilibrio? Nadie puede desconocer su trayectoria como juez, lo que le generó un enorme prestigio en ámbitos tan sensibles de la sociedad argentina como los organismos de Derechos Humanos.

En lo personal, debo reconocer que el juez ha tenido para conmigo alguna conducta que no se compadece con ese prestigio. El año pasado, al salir de una charla de la Sociedad Hebraica Argentina, le dijo a una periodista, como si fuera un dirigente político, que mis actividades en la Argentina eran financiadas por la República Islámica de Irán. Desconcertado, le pedí explicaciones que terminaron en una charla de dos horas en su despacho, donde me pidió disculpas de manera casi vergonzante, siendo testigo mi compañero en Radio Cooperativa, Leo Cofré. Hoy, y a la vista de recientes desaguisados políticos del juez, y todavía en tiempo y forma de los procedimientos legales, mis abogados evalúan la posibilidad de querellarlo, dado que sus declaraciones injuriosas fueron replicadas por los medios de prensa. Creo que Rafecas me atacó políticamente para congraciarse –sin que nadie se lo pidiera– con organizaciones sionistas. Un juez debe ser fiel a los contenidos, procedimientos y formas del Derecho y sólo hablar por sus fallos. Estos días Rafecas tuvo una actitud desconcertante. Primero plantea en un diario la falta total de elementos probatorios en la causa en la que se intenta imputar a Amado Boudou; 48 horas después se dispara con un allanamiento que termina siendo el show-off de prensa del Grupo Clarín, que tenía un solo objetivo: que la irresponsable condena periodística se genere antes en la sociedad que la condena judicial. Es increíble que el periodista Jorge Lanata, en una causa que tenía riguroso secreto del sumario, anunciara cuatro horas antes que se iba a producir un allanamiento a, según Clarín y Lanata, la casa de Boudou, lo que constituye la primera mentira de esta novela. Es bueno preguntarse qué pasó en esas 48 horas en la cabeza de Rafecas. ¿Qué pasó en esa ancha avenida que va desde la vereda que dice que no hay ningún elemento para enjuiciar a Boudou a la vereda en la que se arma el show mediático para destituirlo? ¿Quién indujo al juez en este sorprendente cambio en 48 horas? ¿Alberto Fernández? ¿Clarín? ¿Boldt? ¿La Embajada de los Estados Unidos? Quizás nunca lo sabremos. Muchas mentiras se dijeron al respecto. Las corporaciones una vez más le declararon la guerra a la democracia y, como dijo alguien que no me acuerdo, en toda guerra, la primera víctima es la verdad.

Fuente: Tiempo Argentino

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